Dr. Edward A. Pereira ← Volver a Historias

Médico de día, programador de noche

La historia de cómo fui construyendo un segundo perfil profesional en paralelo a mi carrera médica y militar.

El origen: 9 meses de espera

Todo empezó en 2010, esperando que saliera el trámite de reválida de mi título médico. Tenía tiempo, una computadora, y curiosidad. Empecé a explorar cómo se hacían las páginas web.

HTML, CSS, un poco de JavaScript. Nada serio. Pero algo se encendió.

Esos nueve meses de burocracia terminaron siendo el germen de mi carrera como desarrollador.

La formación continua

A partir de ahí, nunca dejé de formarme. Siempre en paralelo a mi trabajo como médico, siempre robándole horas al sueño o a los fines de semana.

La lista de formación fue creciendo:

El desafío real

Formarte en desarrollo mientras trabajás como médico militar no es simple. Había que coordinar guardias, operaciones, cursos de la especialidad, y encima la vida familiar.

Tengo esposa — que también estudia y trabaja — y dos hijos chicos. El tiempo no sobra. Hay que fabricarlo.

"El verdadero desafío no es aprender a programar. Es encontrar el tiempo para hacerlo cuando tenés mil responsabilidades encima."

La clave fue saber cuándo enfocarme. Cuando arrancaba un curso, le daba todo lo que tenía. Intensidad concentrada. Y después volvía a la rutina hasta el próximo.

El punto de inflexión: IA en medicina

En algún momento, las dos carreras empezaron a cruzarse de forma más seria.

Hice el curso de Inteligencia Artificial aplicada al diagnóstico por imágenes de la Sociedad Argentina de Radiología. Después, el curso de IA aplicada a la Medicina de la Academia Nacional de Medicina, donde saqué un reconocimiento especial por promedio perfecto.

Ahí entendí que mi perfil no era solo "médico que programa" — era algo más específico: alguien que entiende tanto el problema clínico como la solución tecnológica.

Lo que aprendí

La formación paralela es posible, pero requiere estrategia. No podés hacer todo al mismo tiempo con la misma intensidad. Hay que elegir momentos, comprometerse completamente, y después soltar hasta la próxima oportunidad. Con el tiempo, esos fragmentos se acumulan y construyen algo sólido.